Mujer y VIH: reclamando el derecho a la vida

Carmen D. Zorrilla, MD
Lydia E. Santiago, PhD
Centro de Estudios Materno-Infantil (CEMI)
Departamento de Obstetricia y Ginecología, 
Escuela de Medicina, Recinto de Ciencias Médicas

Hoy levanto mi voz por todas las que callan,
por las que lloran en silencio, por las que ya no están,
por las que están sin saber donde están.
Fundación El Roble, México.

El VIH/SIDA ha puesto en evidencia muchas de las desigualdades sociales y económicas en que viven las mujeres. También ha resaltado la vulnerabilidad de las mujeres tanto por sus características biológicas como por su género y las desigualdades en acceso a servicios de salud que estas experimentan. En muchas mujeres que viven con el VIH/SIDA los roles sociales y las responsabilidades relativas al cuidado de la familia han dificultado que reciban los servicios de calidad que requieren.

Hoy, las mujeres que viven con el VIH, tienen que dejar oír sus voces en la lucha por el más elemental de los derechos humanos: el derecho a la vida. Los avances en los tratamientos antivirales y profilácticos desarrollados durante los últimos años han hecho que emerja la necesidad de denunciar los obstáculos que la mujer tiene que enfrentar para tener acceso a los servicios y medicamentos que necesita para prolongar su vida. La mortalidad por el SIDA se ha reducido dramáticamente en Estados Unidos y Puerto Rico como resultado del uso de estos nuevos medicamentos. Es por esto, que es imperativo que las mujeres que viven con el VIH/SIDA puedan tener acceso a los servicios de salud y a estos medicamentos. El acceso a los nuevos tratamientos se convierte para ellas en acceso a la vida.

 

Vulnerabilidad biológica y por género.

Las mujeres están expuestas a un mayor riesgo de contraer el VIH. La razón biológica que explica por qué una mujer está en mayor riesgo de contagio por el VIH mediante la relación sexual con un hombre se atribuye a la anatomía del tracto reproductivo de la mujer y a la fisiología del intercambio de secreciones durante la actividad sexual. El semen permanece dentro de la vagina y hay células en el tejido de la vagina que tienen ramificaciones lo que les permite "absorber" el virus más fácilmente. Además, el que el cuello de la matriz tenga una sola capa de células también facilita que el virus penetre en el organismo. Se ha descrito en algunos estudios cómo la transmisión del VIH es 14 veces más fácil de hombre a mujer, que de mujer a hombre. Es necesario aclarar que la transmisión de mujer a hombre también ocurre y los hombres no están inmunes a ésta. Esta transmisión preferencial va asociada a otras infecciones como clamidia y gonorrea.

Existen además, diversas razones de índole psicosocial que provocan una mayor vulnerabilidad de la mujer hacia el contagio con VIH. Estas razones están asociadas a que frecuentemente las mujeres se encuentran en una situación de vulnerabilidad y desigualdad en la toma de decisiones y el control en la relación con su pareja, en el rechazo social al uso de condones por el hombre y frecuentemente por la misma mujer, y en las falsas ideas sobre la expresión del amor. Por ejemplo, la mujer le dice al hombre: "te demuestro que te quiero si tengo sexo sin protección" cuando en realidad el mensaje de amor debe ser: "te demuestro que te quiero y nos protegemos ambos". Las mujeres con VIH tienen también temor a exigir trato igual de parte de su pareja. El miedo al abandono y la amenaza de violencia doméstica las lleva a mantener silencio.

 

Mortalidad por VIH y género.

Las mujeres constituyen el grupo de mayor crecimiento en el número de casos de SIDA e infección por el VIH. Alrededor de la mitad de los casos de SIDA en el mundo los vemos en mujeres. En Estados Unidos las mujeres constituían el 7% de los casos de SIDA en 1985, cifra que aumentó a 22% en el 1997 (1). En Puerto Rico la proporción de casos en mujeres aumentó de 11.3% en 1986 a 24% en 1998 (2).

Por otra parte aunque la mortalidad por SIDA en los Estados Unidos se redujo en 1996 en un 13%, esta siguió aumentando durante el mismo periodo de tiempo en el grupo de mujeres (3). Posteriormente, la mortalidad entre las mujeres se redujo proporcionalmente al compararse con los otros grupos. Queda la pregunta ¿Porqué tardó la mortalidad en reducirse en la población de mujeres?. Existen para esto algunas explicaciones (4): los proveedores de salud no identifican los síntomas de esta condición en las mujeres y no se les ofrece la prueba de VIH; las mujeres no se consideran a riesgo personal de la condición y no aceptan la prueba; o estas están tan atareadas con el cuido de los otros que cuando finalmente recurren a buscar tratamiento puede ser tarde.

 

Acceso a los servicios.
 

Las mujeres también se encuentran en una posición de vulnerabilidad respecto al acceso a los servicios de salud y como consecuencia al acceso a los medicamentos para tratar la condición. Hoy en día los tratamientos médicos han logrado reducir la mortalidad del SIDA y mejorado significativamente la vida de las personas que viven con el VIH. Estos tratamientos se conocen como terapia de combinación. Incluyen dos o tres tipo de drogas, que se conocen como análogos de nucleósidos, no-análogos de nucleósidos e inhibidores de proteasa. Cada uno de estos medicamentos actúa en un área diferente del ciclo de vida del virus. Los inhibidores de proteasa son los medicamentos responsables del descenso en la mortalidad por esta condición. Son sumamente potentes y bloquean la producción del virus 15 minutos luego de ingerirse. Hay cuatro marcas en el mercado y cada una tiene sus ventajas y desventajas. La ventaja mayor es que pueden bajar la cantidad de virus en la sangre y en los tejidos a niveles tan bajos que no se detectan. Sabemos que el virus está aún presente, pero su nivel es tan bajo que permite al sistema inmune recuperarse. Estos medicamentos también tienen desventajas como lo son: el número de pastillas que hay que consumir, el efecto en la redistribución de grasa en el cuerpo y otros efectos secundarios. Para poder cumplir adecuadamente con estos tratamientos, las mujeres necesitan de apoyo, respeto y servicios de salud que respondan a sus necesidades.
 

Las ideologías, los prejuicios, la falta de conocimientos y de destrezas de los profesionales de la salud y la posición de sumisión son factores que pueden determinar la posibilidad de vida de las mujeres con VIH. A lo anterior se le añade el factor de la pobreza. Rodríguez y Marte (5) argumentan que las facilidades de cuidado de la salud, la calidad de los servicios que ofrecen, los tipos de servicios y las actitudes de los profesionales de la salud están determinados por la clase social. En los Estados Unidos, por ejemplo, el grupo de mujeres con VIH constituye un grupo con menos recursos económicos que los hombres. Las mujeres tienen mayor probabilidad de estar desempleadas, de tener menos ingresos y de no tener seguro médico (6). Esta realidad la enfrentan también las mujeres con el VIH en otras partes del mundo.
 

Jonathan Mann nos dejó un gran desafío cuando dijo: Hoy, la diferencia entre la vida y la muerte para las personas con el VIH es una lotería, los ricos vivirán, los pobres morirán. La tragedia producida por la falta de recursos y salud es severa (7). Esto nos plantea a los proveedores de servicios de salud la gran responsabilidad de crear espacios que promuevan la equidad en las relaciones sociales y la accesibilidad a los recursos disponibles para "todas".

 

REFERENCIAS

  1. 1. Center for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS Surveillance Report 1998.
  2. PRHD (Puerto Rico Health Department). Reported AIDS  cases in Puerto Rico 1998.
  3. Update: trends in AIDS incidence, deaths, and prevalence- US, 1996. MMWR 1997, 46; 165-167.
  4. Zorrilla CD, Santiago LE. La mujer ante el VIH/SIDA: barreras y nuevos desaf 1os. PR Health Sci J 1999; 18: 397-400.
  5. Rodríguez-Trias H, Marte C. Challenges and Possibilities:  Women, HIV, and Health Care System in the 1900's. Women resisting AIDS 1995. Philadelphia: Temple University Press.
  6. Bozzette SA, Berry SH, Duan N et al. The care of HIV infected adults in United States. N England J Med 1998;  339:1987-1904.
  7. Mann J. HIV/AIDS, micro-ethics and macro-ethics. AIDS CARE 1998; 10:5-6.

 

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