La salud de las mujeres víctimas de violencia doméstica que reciben servicios de albergues en Puerto Rico

Iris M. Aponte Díaz, MPH
Yvonne Corsino Osorio, MPH
Aida Ivette González Santiago, MPH
Brenda Maldonado Brown, MPH

En el área de violencia doméstica, al igual que en otras áreas de interés social, tradicionalmente las organizaciones de base comunitaria tratan de llenar el vacío dejado por los servicios gubernamentales de salud, al punto que la mayor cobertura de programas de atención y prevención para este sector de la población proviene de estas organizaciones (1). La mayor parte de las veces, las mujeres son ubicadas en albergues localizados lejos del agresor, por lo que tienen que alejarse del pueblo de residencia y de las organizaciones donde reciben servicios regularmente. Por tal razón, cada albergue identifica recursos externos o internos para brindar servicios a las víctimas y sus hijos(as). Actualmente en Puerto Rico existen ocho instituciones, que brindan servicios de albergues, consejería sicológica, ayuda legal y servicios ambulatorios para mujeres y a sus hijos(as), sobrevivientes de violencia doméstica.

A pesar de los intentos de diversos sectores de la sociedad por presentar la situación de la agresión contra las mujeres dentro del marco familiar como un problema prioritario que necesita atenderse inmediatamente, existen escenarios que aún no reconocen la magnitud del mismo. En Puerto Rico, la violencia contra la mujer, tanto física como sicológica, ha sido trabajada por las organizaciones interesadas desde un punto de vista social y de derechos civiles y sus soluciones han apuntado a dichas áreas. Un enfoque desde una perspectiva integral y de salud pública, si bien es urgente y necesario, aún no ha sido desarrollado.

La información corriente recolectada por los servicios de salud se limita a la identificación y evaluación de lesiones físicas, sexo y edad de las víctimas y a veces, el medio empleado como agente de la violencia. Las estadísticas de morbimortalidad recolectadas por los centros de servicios no reflejan la verdadera magnitud del problema epidemiológico de la violencia, entre otras razones por el subregistro en las salas de emergencia y consultas externas, o porque las víctimas de violencia doméstica no acuden a las instituciones de salud solicitando servicios.

Con miras a atender parcialmente esta necesidad y como requisito para la obtención del grado de maestría en salud pública general de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas realizamos la investigación: Estudio sobre Factores Demográficos, Ambientales, Epidemiológicos y los Factores Relacionados a los Sistemas de Prestación de Servicios de Salud para las Mujeres Victimas de Violencia Doméstica que Reciben Servicios de Albergue en Puerto Rico, enero a mayo de 1999 entre mujeres que utilizaban los servicios de albergue en el país.

Metolodogía

Durante el período de abril a mayo de 1999 se utilizó un instrumento auto administrado para obtener información de la población de mujeres albergadas en las ocho instituciones para víctimas de violencia doméstica que brindan servicios de albergue en Puerto Rico. La población total alcanzada fue de 68 mujeres. Este cuestionario abarcó aspectos sociodemográficos, epidemiológicos, ambientales y de percepción de servicios de salud.

Hallazgos

Características de las Mujeres Albergadas y su Ambiente

El ambiente social, cultural y económico de las poblaciones son determinantes para el desarrollo de servicios de salud. Las mujeres que recurren a los albergues tienden a ser jóvenes, amas de casa con niños(as) y de escasos recursos económicos. De acuerdo a este estudio el 59% de las mujeres encuestadas se encuentran en el grupo de edad que comprende 21 a 35 años. La edad promedio de la muestra es de 30 años. El 78% de las participantes nació en Puerto Rico, mientras que el 22% nacieron fuera del país. El 46% eran casadas o vivían en unión consensual y el 54% estaban separadas, divorciadas o solteras. El nivel de escolaridad es menor de duodécimo grado para un 59% de las participantes. El 77% son amas de casas, el 84% de ellas recibe menos de $500.00 de ingreso mensual y un 79% recibe ingresos de beneficencia pública (PAN o cheque para alimentos).

Aproximadamente el 50% de las mujeres que habían tenido más de una pareja en su vida, reincidieron en relaciones maltratantes. Esta información coincide con la literatura revisada para este estudio (2) respecto a que las mujeres agredidas que no trabajan su patrón de violencia adecuadamente, pueden reincidir en relaciones violentas. Este factor de reincidencia puede hacer que en cada nueva relación se reproduzcan situaciones donde cada vez más se expone la salud física y mental de la mujer. Al explorar la percepción de las mujeres albergadas sobre las causas por las cuales las personas son violentas contra otros miembros de su familia en la sociedad, se destacan las siguientes: antecedentes de violencia familiar (67%), necesidad de poder y control (46%), falta de control (46%) y tensión (37%).

Un 21% de las mujeres encuestadas indicaron que habían consumido bebidas alcohólicas en los últimos seis meses y un 10% reportaron el uso de drogas. Los patrones de consumo de drogas y alcohol de las mujeres presentaron un patrón de consumo significativamente más bajo que sus parejas. Solo el 46% de las mujeres encuestadas indicó que sus parejas nunca han estado bajo la influencia del alcohol al momento de la agresión contra ella y solo la mitad (52%) de las mujeres indicó que sus parejas no estaban bajo los efectos de las drogas. El hecho de que casi la mitad de las parejas utilizan drogas o alcohol es significativo. La literatura (3) demuestra que la agresividad es uno de los efectos asociados al uso de drogas.

Cuando se les preguntó a las mujeres albergadas sobre los medios de comunicación a través de los cuales recibieron información sobre el tema de violencia doméstica, estas indicaron como las principales la televisión (71%) y la prensa escrita(69%). Las mujeres albergadas utilizaron información sobre violencia doméstica ofrecida por agencias (53%), amigos(as) (40%), familiares (32%) y proveedores de servicios de salud (15%). El 97% de las mujeres encuestadas indicaron haber solicitado una orden de protección (Ley 54). Solo un 38% de las mujeres indicaron que la(s) persona(s) que las atendieron en el proceso de solicitar la orden de protección les preguntaron por su estado de salud.

Factores Epidemiológicos

Las mujeres señalaron haber sido objeto de diferentes conductas violentas por parte de sus parejas. Las conductas se clasificaron en maltrato sicológico, amenazas, maltrato físico, y sexual. Las participantes indicaron como las conductas de maltrato sicológico más frecuentes: celos (77%), insultos (73%), gritos e impedirle que vieran a otras personas (63% respectivamente), interrumpirle el sueño (42%), romperle pertenencias (37%). En la clasificación de amenazas se destacan las siguientes: amenazarla con hacerle daño (60%), amenazarla con matarla (45%), amenazarla con matarse (36%) y amenazarlas con armas (12%). En la clasificación de conductas físicas y sexuales, se observa que golpearlas y jamaquearlas (43%) y obligarlas a tener sexo (33%) son las agresiones más frecuentes. Algunas de las razones principales por las cuales las víctimas discuten con sus parejas son: las amistades (48%), consumo de alcohol o drogas (47%), familia e hijos(as) (47%), dinero (45%) y comunicación en la relación (46%). Cabe señalar que las mujeres tenían la oportunidad de seleccionar más de una contestación en las situaciones antes presentadas.

Las condiciones de salud que las mujeres experimentan relacionadas o asociadas a su situación de violencia doméstica con mayor frecuencia son: dolor de cabeza (80%), moretones (60%), dolor de pecho (57%), golpes (51%), mareos (39%, taquicardias (36%), heridas (24%), fracturas (11%). Los dolores de cabeza pueden estar asociados a que los golpes y heridas que reciben las mujeres mas frecuentemente son en la cabeza y extremidades superiores (53%).

Las mujeres señalaron como las condiciones emocionales que más experimentaron luego de un incidente de violencia: la tristeza (90%), el estrés (82%), llorar sin poder parar, coraje, ansiedad y desvelo (78% respectivamente). La tristeza es una de las respuestas de una compleja trama de problemas de salud. Aunque para los(as) médicos(as) la tristeza no constituya una enfermedad desde la perspectiva de salud, desde la de género representa una respuesta femenina ante determinados eventos (4). Por otra parte todas las condiciones sicológicas presentadas se relacionan al diagnóstico clínico de la depresión.

Utilización de Servicios de Salud

Un 39% de todas las mujeres que participaron informaron que le habían comentado a un(a) médico(a) su situación de violencia doméstica. Por otra parte, el 31% de las mujeres señaló que en algún momento un(a) médico(a) las identificó como víctimas de violencia doméstica sin ellas haberle revelado nada.

A pesar de que todas las mujeres experimentaron una o varias condiciones de salud luego del maltrato, sólo 22 de las 68 (35%) que contestaron indicó que solicitó servicios de salud durante las primeras 48 horas luego de ocurrido el incidente de violencia. El restante 65% señaló no haber ido a recibir servicios de salud por las siguientes razones:

a) entendían que no era necesario (49%).
b) no querían que se supiera que había violencia en su hogar (42%).
c) porque su pareja no la dejó ir a buscar los servicios (35%).

Estas situaciones podrían explicarse de la siguiente manera. De acuerdo a la publicación de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (4) la visión de salud y enfermedad de las mujeres está íntimamente ligada al desempeño de sus tareas cotidianas. Lo que es importante o necesario con relación a su salud está relacionado a su capacidad o incapacidad de ejercer estas funciones. Por otra parte, por entender que la violencia doméstica es un asunto privado, muchas mujeres prefieren no buscar servicios médicos. Esto porque entienden que van a ser juzgadas y responsabilizadas por la agresión. Por último, la privación de la libertad por parte de la pareja agresora puede imposibilitar que la mujer busque servicios médicos.

De las 68 participantes, 22 indicaron haber recibido servicios de salud (35% de la muestra total) luego del incidente de violencia doméstica. De las 22 mujeres que recibieron servicios de salud, el 45% manifestó que la primera persona que las recibió fue la recepcionista. El 48% de estas mujeres manifestaron sentir temor de que su pareja llegara a agredirla al lugar donde recibía los servicios de salud.

El 59% de las mujeres que buscaron servicios de salud fueron atendidas por un(a) médico(a) generalista mientras que un 12% fue atendida por un(a) ginecólogo(a). Un 14% de estas indicó que fueron atendidas por personal de servicios mentales (siquiatras y sicólogos/as). Las mujeres que fueron a recibir servicios de salud, asociaron a los incidentes de violencia doméstica las siguientes condiciones:

· 95% presentaban condiciones emocionales como desvelo, tristeza e insomnio; condiciones asociadas a la depresión.

· 85% presentaban condiciones físicas tales como dolores de cabeza, moretones, golpes y heridas.

Por último, el 69% del total de 68 mujeres participantes en el estudio indicaron que ningún(a) médico(a) se percató de su situación de violencia doméstica. Es importante este dato, ya que esto muestra que los(as) médicos(as) posiblemente no tienen las destrezas para lograr un buen cernimiento para identificar estas víctimas de violencia doméstica, sin que las mismas le comenten sobre su situación.

Conclusiones y Recomendaciones

Este estudio presenta la violencia doméstica no solo como un problema de salud pública que impacta la mortalidad en la población femenina, sino que documenta la existencia de una morbilidad diversa asociada con el maltrato.. Esta morbilidad comprende aspectos de salud sicológica, física y sexual. Como parte del estudio se realizó un proceso de priorización, el cual identificó unas áreas imprescindibles que deben ser atendidas por cualquier estrategia que sea desarrollada para esta población. Estas estrategias deben incorporar aspectos de educación sobre el tema del impacto de la violencia doméstica en la salud dirigida a participantes de albergues, profesionales de la salud y a la comunidad en general; estrategias para atender las necesidades de salud de las participantes, fortalecer las relaciones de los albergues con las aseguradoras e instituciones relacionadas a la Reforma de Salud en Puerto Rico; y alternativas para desarrollar un componente de vigilancia epidemiológica en los albergues. Los resultados de este último aspecto permitiría, desarrollar un mecanismo de difusión de información sobre la morbilidad existente entre esta población.

La población de este estudio es una médico-indigente, por lo cual los servicios de salud en Puerto Rico deben estar preparados para manejar las necesidades especiales de esta población. Los albergues de víctimas de violencia doméstica representan un extraordinario mecanismo para preservar la salud y la vida de las mujeres víctimas de agresión que no tienen recursos económicos. Es necesario contar con iniciativas de diversos sectores dirigidas a colaborar económicamente con estas instituciones y que se puedan desarrollar componentes para atender las necesidades de salud de la población que sirven.

Estas investigadoras reconocen que el problema de la violencia doméstica no es solo característico de la población bajo estudio. La literatura y la experiencia vivencial en Puerto Rico demuestran que este problema impacta a mujeres de diversas clases sociales. Es responsabilidad de todos(as) los(as) que trabajan en servicios de salud no estereotipar la violencia doméstica, ya que todas estamos expuestas a este mal. Los(as) profesionales de la salud deben estar alertas a cualquier señal presentada por una mujer de que pueda ser victima de violencia sin importar sus características sociodemográficas.

La violencia doméstica es un problema de salud pública y como tal necesita ser incluida en las políticas de salud del Gobierno de Puerto Rico. Ante los nuevos paradigmas que están impactando los sistemas tradicionales de prestación del sector salud, los escenarios de salud pueden convertirse en excelentes espacios para transformar positivamente la vida de las víctimas de violencia doméstica. Es necesario que las mujeres afectadas por la violencia se sientan protegidas y no victimizadas por los(as) propios(as) profesionales de la salud. Todos y todas los(as) que servimos en el área de salud, podemos promover este cambio. El estudio espera estimular la curiosidad investigativa de otros(as) profesionales de la salud, ya que el mismo posee áreas fértiles para nuevas investigaciones.

Las autoras de este estudio reconocen sus limitaciones por lo que desean presentar las siguientes recomendaciones:

· Realizar investigaciones de mayor alcance, que permitan: extender el período de estudio, ampliar la muestra, considerar otros niveles socioeconómicos, considerar otros factores demográficos, ambientales y epidemiológicos.

· Considerar otros tipos de metodología como: entrevistas individuales y grupales participativas (grupos focales).

· Desarrollar este tipo de estudio con mujeres víctimas de violencia doméstica fuera de los albergues.

· Exhortar a los(las) profesionales de la salud a no solo ser observadores(as), sino a convertirse en verdaderos(as) agentes del cambio.

REFERENCIAS

1. Aponte Díaz, IM., Corsino Osorio Y, González Santiago, AI, Maldonado Brown, B. Factores Demográficos, Ambientales, Epidemiológicos y los Factores Relacionados a los Sistemas de Prestación de Servicios de Salud para las Mujeres Victimas de Violencia Doméstica que Reciben Servicios de Albergue en Puerto Rico, Enero a Mayo de 1999. Trabajo de Comunidad. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, Escuela Graduada de Salud Pública, Programa de Maestría en Salud Pública, 1999.

2. Lozano Ascencio, R. Fundación Mexicana para la Salud. La Carga de la Enfermedad y las Lesiones por Violencia Contra las Mujeres: el caso de la ciudad de Méjico. Presentación en la conferencia: Violencia Doméstica en América Latina y el Caribe. Costos, Programas y Políticas. Publicación Independiente. 1997

3. Moscoso, M. Diferencias por Género en el Uso de Sustancias Tóxicas en Adolescentes Puertorriqueños. Mujer y Salud. Año 3(1), marzo de 1998.

4. García M, Sayavedra G. Violencia Poderío y Salud de las Mujeres. Por el Derecho a Vivir sin Violencia. Acciones y Respuestas. Red de Salud de la Mujer Latinoamericana y del Caribe. 1996

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